
Si bien es cierto no era una cata ni una degustación en estricto rigor, era una buena opción de ofrecer vinos y arte que se encontraban a la venta, era posible también para pasar un buen momento y conocer nuevas tendencias en telas y en barricas. Un Santuario 2008 y 2001 era lo que se ofrecía en cabarnet sauvignon, que es lo que trabaja esta viña por el momento, la que sólo expende sus botellas a pedido. No se venden en botillerías ni supermercados, nos señaló el anfitrión.
Por otra parte, conocí a los suegros españoles de una amiga. Sin dejar de mencionar la simpatía, grandes conocedores de vinos han resultado ser los ibéricos que he conocido últimamente. Ojalá todos los chilenos habláramos con tanto conocimiento de nuestros mostos y empresa vitivinícola.
Sin lugar a dudas, la comida española y previamente las degustaciones típicas de quesos y chorizos hacen una gran compañía a un tinto, el que se ameniza con una buena conversa.
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